“Antara” nació durante una visita al santuario histórico de Machu Picchu. Inspirada en la serenidad y el misterio que envuelven estas ruinas, capturé en esta pintura un retrato de la altitud en la que se encuentra, sus antiguas edificaciones y las rocas perfectamente ensambladas. Además, incorporé el retrato de quien fue mi compañera de viaje, personificando el espíritu maravilloso de esa noche.
A medida que la obra evolucionaba, introduje un elemento surreal: el personaje inca que emerge de la montaña como un espíritu nocturno, tocando su Antara, también conocida como flauta de pan.




